DESPEDIDA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD

Repleta de dolor y tristeza, la ciudad de Ontinyent despidió tras casi 147 años de permanencia a la Comunidad de las Hijas de la Caridad.


El templo de Santa María, fue incapaz de albergar a centenares de personas asistentes a la eucaristía de acción de gracias, oficiada por el Ilmo. Sr. Vicario Episcopal y Párroco Plebán acompañado por el todo clero local, con asistencia del Consistorio Municipal y la Junta Local del Patronato del Santo Hospital Beneficencia.


Fue un momento único por su grandeza y emotividad, donde fluyeron las emociones y las lágrimas, las palabras de gratitud a las decenas y decenas de religiosas que desde 1870 han permanecido con nosotros cuidando y mimando a los que no tuvieron el calor de un hogar, a los que recibimos su educación e instrucción, a los pobres y enfermos. Son muchísimas las muestras de caridad y amor que han derramado, a manos llenas, por esta ciudad que siempre guardará en lo más recóndito de su corazón su labor, su cariño, sus recuerdos y sus imágenes.


Sor Ángeles Rivas Cosío, Sor María Juliana González Morales, Sor Adela Candel Candel, Sor Pilar Espiniosa Castro y Sor Josefina Herrero Carbonell, fueron las integrantes de la última comunidad. Ellas asistieron a la eucaristía, oyeron las cariñosas y emotivas palabras del Ilmo. Sr. Vicario Episcopal, del Ilmo. Sr. Alcalde, Presidente de la Diputación, y Presidente del Patronato, la de exalumnos… fueron testigos de los nudos producidos en las gargantas, del correr de lágrimas, del momento vivido que quedó registrado en la placa que se descubrió en la fachada del querido edificio, habitáculo durante casi siglo y medio de las almas que hasta aquí se acercaron para servir a esta ciudad a la que ayudaron con su trabajo y entrega a que en su escudo campera el título de Muy Caritativa.


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